![]() |
Cuando ocurre una tragedia como la de Adamuz,
el dolor busca un lenguaje que lo sostenga,
y para miles de familias ese lenguaje sigue siendo la fe.
el dolor busca un lenguaje que lo sostenga,
y para miles de familias ese lenguaje sigue siendo la fe.
Por eso, la pretensión de situar un homenaje civil como marco principal de despedida no se percibe como un gesto neutral, sino como una amputación simbólica. No consuela a quien no lo necesita y despoja a muchos de aquello que sí les permite llorar con sentido. El duelo no es un acto administrativo ni una escenografía institucional; es una experiencia íntima que exige respeto, cercanía y verdad.
La secularización forzada, especialmente en momentos de pérdida, no libera: empobrece. Sustituir el rito religioso por un protocolo laico puede satisfacer a quienes han hecho de la neutralidad una bandera, pero deja huérfanas a comunidades enteras cuyo consuelo pasa por la oración compartida, la eucaristía y la esperanza de la resurrección. Allí donde la fe sigue viva, excluirla no es respetar la diversidad, sino negarla.
Adamuz no es solo un nombre asociado a una tragedia ferroviaria. Es una herida abierta en pueblos donde la muerte se afronta en comunidad y donde Dios no es un estorbo, sino un refugio. Pretender despedir a las víctimas sin ese horizonte trascendente es vaciar el dolor de su lenguaje natural, convertir el luto en un acto frío, correcto y profundamente ajeno.
En los momentos límite, el ser humano no necesita consignas ni discursos oficiales. Necesita sentido. Y para muchos, ese sentido sigue teniendo nombre, oración y esperanza cristiana.

El Gobierno de España y la Junta de Andalucía han anunciado un homenaje de Estado para el sábado 31 de enero en Huelva, con presencia de los Reyes. Según lo publicado, se tratará de una ceremonia laica. Ese anuncio, en una provincia donde la fe forma parte de la vida cotidiana, ha generado rechazo en redes y comentarios públicos. No se discute solo un protocolo. Se discute la pretensión de imponer un marco de duelo que prescinde del consuelo espiritual en un lugar donde muchas familias, precisamente en momentos difíciles, se sostienen en la fe.
ResponderEliminarEn paralelo, la diócesis celebrará una misa funeral el jueves 29 de enero en la catedral de Huelva, presidida por el obispo Santiago Gómez Sierra. Se plantea como un acto de oración por las víctimas, por la recuperación de los heridos y por la cercanía a sus familias, con un recuerdo también para quienes participaron en las tareas de rescate.