viernes, 9 de enero de 2026

Del Helicoide a Barajas: 30 horas de viaje hacia la libertad, pero con una condición: "No podréis hablar, forma parte del acuerdo".

Amigas de Rocío San Miguel, 
esperan su llegada en el aeropuerto de Barajas.

Treinta horas. Treinta horas desde el corazón de una de las mazmorras más siniestras de América Latina hasta el aeropuerto de Barajas. Treinta horas que algunos han querido vender como un "traslado humanitario", como una salida pactada, casi como un gesto de buena voluntad del régimen venezolano. Pero la realidad, una vez más, es bastante más oscura: no fue una liberación, fue una extradición encubierta del silencio.

El Helicoide no es un lugar cualquiera. Es el símbolo arquitectónico del terror chavista, el epicentro del SEBIN, donde la tortura no es un exceso sino un método, y donde la arbitrariedad no es una desviación sino la norma. Salir de allí con vida ya es una excepción. Salir con destino a Europa, un milagro calculado. Pero ese milagro venía con letra pequeña: *no podréis hablar*. Ni ahora, ni después. Ni aquí, ni allá.

Porque el precio de la libertad fue la mordaza.

El chantaje como política de Estado

"No podréis hablar, forma parte del acuerdo". Esa frase, tan fría como reveladora, resume la lógica del régimen. No se trata solo de encarcelar cuerpos, sino de secuestrar relatos. El chavismo ha aprendido que las víctimas que hablan son más peligrosas que las que protestan. Un testimonio es un arma. Un superviviente que cuenta lo vivido desarma el relato oficial, deja al descubierto el sistema, pone nombres y métodos al horror.

Por eso el acuerdo no fue un acto de clemencia, sino de control. Te dejamos salir, pero te llevas el miedo contigo. Te damos un pasaporte, pero te confiscamos la voz. Es la exportación del terror: el régimen ya no necesita mantenerte en una celda, basta con que sigas preso del silencio en libertad.

Diplomacia de alfombra roja y ojos cerrados

Y aquí entra Europa. España. Barajas. El aeropuerto que se convierte en escenario final de una operación incómoda que nadie quiere explicar del todo. Se habla de "gestiones discretas", de "canales diplomáticos", de "evitar males mayores". El lenguaje de siempre cuando se trata de negociar con dictaduras: eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre.

¿Desde cuándo la defensa de los derechos humanos incluye cláusulas de silencio? ¿En qué manual diplomático se establece que una víctima de tortura debe callar para no incomodar a sus verdugos? Si la condición para salir de una cárcel política es no denunciarla, entonces no estamos ante una victoria de la democracia, sino ante una concesión vergonzosa.

La libertad vigilada del exilio

El exilio ya no empieza al cruzar la frontera. Empieza antes, cuando te advierten que cualquier palabra puede tener consecuencias. Para ti, o para los que se quedan. Porque el chantaje no se corta en seco: continúa en forma de amenaza implícita, de familia vulnerable, de expedientes abiertos.

Así, el régimen consigue algo perversamente eficaz: presos políticos que ya no ocupan celdas, pero tampoco micrófonos. Silencios que pesan más que barrotes. Historias que no se cuentan y, por tanto, parecen no haber ocurrido.

El silencio también es complicidad

Quienes celebran estos "traslados" sin preguntar por las condiciones participan, consciente o inconscientemente, de la farsa. Porque una dictadura no se humaniza por permitir salidas selectivas. Al contrario: se refuerza cuando logra imponer sus reglas incluso fuera de sus fronteras.

Del Helicoide a Barajas hubo treinta horas de viaje. Pero el trayecto más largo es otro: el que va del sufrimiento a la justicia. Y ese camino no se recorre en silencio.

Callar no forma parte de la libertad.
Callar es, precisamente, lo que el régimen siempre ha querido.

1 comentario:

  1. ¿Qué les pueden hacer si hablan? 1º El chavismo está íntimamente conectado con el gobierno socialista, 2º algunos liberados tienen familia en Venezuela, 3º hay maneras de joderle la vida a una persona cuando se tiene todo el poder: legislativo, ejecutivo y judicial.

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