sábado, 24 de enero de 2026

La izquierda caviar es derrotada. La Fiscalía archiva la investigación de Julio Iglesias por falta de jurisdicción internacional

Retrato realizado por Beatriz Galiano.
La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha sido clara: no concurren los requisitos legales para que la Justicia española investigue la denuncia presentada contra Julio Iglesias por presuntos delitos gravísimos —trata de seres humanos, servidumbre, agresión sexual y delitos contra los derechos de los trabajadores—. 

El archivo no es un tecnicismo menor ni un formalismo burocrático: es el reconocimiento explícito de que no había base jurídica suficiente para activar la maquinaria penal del Estado.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Y en ese daño hay responsables.

Durante semanas, determinados sectores de la izquierda caviar, tan instalados en el confort moral como alejados de las garantías del Estado de derecho, se apresuraron a señalar, condenar y difamar. No esperaron a que hablara la Justicia; hablaron ellos primero. Y hablaron alto.

Porque para esa izquierda de salón, Julio Iglesias reunía todas las condiciones del acusado perfecto: hombre, rico, famoso, heterosexual, exitoso, símbolo de una España anterior a sus dogmas identitarios. Un icono incómodo. Un objetivo legítimo.

No importaba la solidez de las acusaciones, ni la competencia jurisdiccional, ni la presunción de inocencia. Importaba el relato.

La misma izquierda que se envuelve en banderas de derechos humanos cuando le conviene, olvida sistemáticamente los derechos fundamentales del acusado cuando el acusado no encaja en su catecismo ideológico. El "yo sí te creo" se convierte en "yo ya te condené", y el feminismo institucional muta en punitivismo mediático sin garantías.

Resulta revelador el silencio posterior. Apenas titulares. Ninguna rectificación proporcional al estruendo previo. Ninguna disculpa. Ninguna autocrítica. Porque el archivo judicial no encaja en el guion, y lo que no encaja se oculta.

Este caso no va solo de Julio Iglesias. Va de un patrón cada vez más frecuente: la utilización del feminismo, de la lucha contra la explotación laboral o de los derechos humanos como armas políticas y mediáticas, no para proteger a las víctimas, sino para ajustar cuentas simbólicas con figuras públicas incómodas.

La izquierda caviar no busca justicia; busca superioridad moral. No quiere tribunales; quiere platós. No aspira a la verdad; aspira a la cancelación. Y cuando la Justicia desmonta el relato, mira hacia otro lado.

Hoy el archivo judicial devuelve a Julio Iglesias algo que nunca debió perder: la presunción de inocencia.

Pero deja al descubierto otra realidad más preocupante: una izquierda que predica derechos mientras practica linchamientos, que habla de dignidad mientras pisotea garantías, y que convierte la acusación en sentencia cuando el acusado no es de los suyos.

Eso sí, siempre con copa de vino caro en la mano y conciencia progresista perfectamente limpia.

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