La política, cuando se mezcla con las relaciones personales, rara vez pasa desapercibida. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con la figura de Juan Segovia, exdiputado socialista y actual asesor en República Dominicana, cuyo nombre ha saltado al foco mediático por su vínculo sentimental con José Bono.
Juan Segovia y José Bono
La revelación, realizada por la periodista Ketty Garat en el programa Horizonte, describía a Segovia como "actual pareja de José Bono", subrayando tanto su juventud —43 años frente a los 75 del exministro— como su pertenencia al entorno socialista. Desde entonces, la conversación ha trascendido lo personal para entrar en el terreno de las conexiones políticas y profesionales en el Caribe.
De exdiputado del PSOE a asesor presidencial en el Caribe
Juan Segovia, primo de Borja Cabezón —relacionado con un escándalo de fraude—, ha desarrollado su trayectoria reciente lejos de España. Reside en República Dominicana, donde ejerce como redactor de discursos y asesor del presidente Luis Abinader.
Su desembarco en el entorno presidencial no se entiende sin la figura de José Bono. La relación entre Bono y Abinader se remonta a 2013, cuando el entonces dirigente dominicano, aún en la oposición, invitó al exministro español como orador principal a la inauguración del Centro de Estudios de Políticas Públicas que él mismo había fundado. Desde entonces, el vínculo personal se consolidó.
Con el tiempo, Bono no solo asesoró directamente a Abinader, sino que facilitó la entrada en su órbita de personas de su confianza procedentes del entorno socialista español. Entre ellos, Alberto Muiños, incorporado en 2021, y el propio Juan Segovia. Ambos desempeñaron labores de asesoría estratégica y redacción de discursos, con influencia también en procesos electorales locales en 2024 y en determinados negocios en la isla.
Empresas, domicilios y vida compartida
Más allá de la política, la relación entre Bono y Segovia tendría también una vertiente empresarial y residencial. Comparten empresas y domicilios en República Dominicana, lo que refuerza la idea de un proyecto de vida común más allá de lo estrictamente profesional.
El revuelo mediático no ha sido tanto por la orientación afectiva —un asunto que en 2026 difícilmente escandaliza por sí mismo— como por la combinación de poder político, redes de influencia internacionales y vínculos personales estrechos.
El silencio de Bono y la normalidad defendida
José Bono nunca ha confirmado públicamente en primera persona ser homosexual. Ha evitado declaraciones directas sobre su orientación, manteniendo siempre una cierta ambigüedad. Sin embargo, tampoco ha mostrado incomodidad ante el debate sobre la diversidad afectiva.
En 2020 apoyó abiertamente la boda de su hijo, José Bono Jr., quien reveló su homosexualidad en Vanity Fair. Entonces, el exministro defendió que "hay que perder el miedo a la diferencia" y fue descrito por su hijo como un aliado total en su vida personal y en su matrimonio.
Ese posicionamiento público contrasta con la discreción mantenida respecto a su propia vida sentimental. Una línea que ha seguido también ante las informaciones sobre su relación con Juan Segovia.
Política, redes y poder
El caso refleja un patrón habitual en la política internacional: las relaciones personales que derivan en estructuras de influencia. En este caso, un expresidente autonómico y exministro español que consolida lazos en el Caribe; un presidente latinoamericano que incorpora talento y conexiones europeas; y un exdiputado socialista que encuentra en esa red una nueva etapa profesional.
La historia de Juan Segovia y José Bono no es solo una crónica sentimental. Es también una radiografía de cómo los vínculos personales pueden convertirse en capital político y cómo, en un mundo globalizado, las fronteras ideológicas y geográficas se diluyen cuando entran en juego las relaciones de confianza.
En política, como en la vida, nada es completamente privado cuando se entrelaza con el poder.
Juan Julio Alfaya
jueves, 19 de febrero de 2026
Juan Segovia, el novio de José Bono: más joven, del PSOE y en República Dominicana como redactor de los discursos de Luis Abinader
miércoles, 18 de febrero de 2026
El sueldazo de Yolanda Díaz: multiplica por seis el salario mínimo + piso pagado en la Castellana
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Yolanda Díaz |
Díaz, líder de Sumar y heredera del espacio que en su día ocupó Podemos, forma parte de un Gobierno que hizo del discurso contra los privilegios de "la casta" uno de sus ejes fundacionales. Podemos, en sus orígenes, impuso a sus cargos públicos un límite salarial que vinculaba sus sueldos a varias veces el SMI, destinando el excedente a fines sociales o al propio partido. Aquella medida era tanto simbólica como identitaria: marcar distancia con la política profesionalizada y bien remunerada.
Hoy, la realidad es distinta. Los 104.631,16 euros que percibe Díaz corresponden al sueldo fijado para su rango dentro del Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez. No es una cantidad excepcional dentro del Consejo de Ministros; está en línea con lo que cobran otros vicepresidentes y ministros. Además, como miembro del Gobierno, dispone de residencia oficial cuando la agenda lo requiere, lo que incluye alojamiento en dependencias estatales en Madrid, en la zona del Paseo de la Castellana, uno de los ejes más cotizados de la capital.
El debate, por tanto, no es legal sino político. ¿Puede una dirigente que ha hecho bandera de la redistribución y de la contención salarial institucional percibir un sueldo seis veces superior al mínimo legal?
Resulta escandalosa la contradicción entre el discurso fundacional de la izquierda alternativa y la normalización de sueldos que, aunque legales, quedan lejos del ideal igualitarista que proclamaron.
Cuando la política se construye sobre la denuncia de los privilegios, cualquier distancia entre discurso y práctica se amplifica. Y en tiempos de polarización y desconfianza institucional, la coherencia se convierte en un activo escaso y valioso.
El salario de la vicepresidenta no es ilegal ni oculto. Pero sí es un espejo incómodo para quienes prometieron cambiar las reglas del juego y hoy juegan con las reglas de siempre.
Dimite el número uno de la Policía tras la denuncia por violación de una subordinada
El hasta ayer director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez, ha presentado su dimisión irrevocable tras conocerse que estaba siendo investigado por una presunta agresión sexual a una subordinada.
José Ángel González Jiménez
González Jiménez, considerado durante años uno de los hombres de máxima confianza del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ocupaba uno de los cargos más relevantes dentro de la estructura policial. El puesto de director adjunto operativo es, de facto, el segundo escalón en la jerarquía del cuerpo y el responsable directo de la coordinación operativa de todas las unidades policiales.
La investigación judicial —según ha trascendido— se habría iniciado tras la denuncia de una agente subordinada. Aunque por el momento no se han hecho públicos detalles del procedimiento, la mera apertura de diligencias en un caso de esta naturaleza ha precipitado su salida.
Desde el Ministerio del Interior se ha subrayado que la dimisión busca preservar la imagen institucional y evitar que la investigación pueda verse afectada por la permanencia en el cargo de quien hasta ahora dirigía la operatividad del cuerpo. La renuncia ha sido calificada de "irrevocable".
La caída del DAO supone un golpe político de considerable magnitud, tanto por la relevancia del cargo como por la estrecha vinculación del comisario con el ministro. Durante años, González Jiménez fue una pieza clave en la estructura de Interior, especialmente en etapas marcadas por alta tensión política y operativa.
El caso vuelve a situar el foco sobre los mecanismos internos de control dentro de las fuerzas de seguridad y sobre la gestión de denuncias por presuntos abusos en estructuras jerárquicas altamente verticales.
La investigación judicial seguirá su curso y, como en cualquier procedimiento penal, rige la presunción de inocencia hasta que exista una resolución firme. Entretanto, la cúpula policial deberá reorganizar su estructura operativa en uno de los momentos más delicados para el Ministerio del Interior en los últimos años.
martes, 17 de febrero de 2026
"Archivos Epstein": podrían confirmar crímenes de lesa humanidad.
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| Jeffrey Epstein |
La afirmación no implica —por ahora— una calificación jurídica definitiva, pero sí abre un escenario inquietante: si se demostrara que existió una red organizada, sistemática y prolongada de explotación sexual de menores con encubrimiento estructural y protección de alto nivel, el encaje legal podría ir más allá de delitos individuales.
¿Qué son los "Archivos Epstein"?
El término hace referencia al conjunto de documentos judiciales, testimonios, registros de vuelos, agendas, comunicaciones y material incautado tras la detención de Epstein en 2019. Parte de ese material fue desclasificado progresivamente por tribunales estadounidenses, mientras que otros documentos siguen bajo revisión judicial.
Epstein murió en agosto de 2019 en una cárcel federal de Nueva York, oficialmente por suicidio, mientras esperaba juicio por tráfico sexual de menores. Su colaboradora más cercana, Ghislaine Maxwell, fue posteriormente condenada por tráfico sexual y otros delitos relacionados.
¿Por qué se habla de crímenes de lesa humanidad?
El concepto de crímenes de lesa humanidad está definido en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. No se refiere solo a guerras o dictaduras. Jurídicamente exige que los actos —como esclavitud sexual, trata o abuso sistemático— formen parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, con conocimiento de dicho ataque.
En este caso, los expertos señalan que, si se acreditara:
• Una red organizada y estructurada.
• Captación sistemática de menores durante años.
• Protección o complicidad de figuras con poder político, económico o institucional.
• Mecanismos coordinados de encubrimiento.
… entonces podría explorarse esa tipificación.
No se trata de una conclusión cerrada, sino de una advertencia sobre la posible gravedad estructural del caso si ciertos extremos quedaran probados.
Implicaciones internacionales
Si una investigación internacional concluyera que existió una red transnacional de explotación sexual sistemática, las consecuencias serían profundas:
1. Responsabilidad penal individual de participantes y encubridores.
2. Posibles investigaciones bajo jurisdicción universal.
3. Daño institucional a gobiernos o élites implicadas.
4. Revisión del papel de las autoridades que no actuaron pese a indicios previos.
El caso Epstein ya había generado una enorme conmoción por la lista de figuras influyentes que frecuentaron su entorno —aunque la presencia en registros no implica culpabilidad—. La dimensión jurídica internacional añadiría un nivel completamente distinto.
Cautela jurídica
Es importante subrayar que la calificación de crimen de lesa humanidad exige estándares probatorios extremadamente altos. No basta con que los delitos sean graves; deben encajar en una arquitectura organizada y sistemática.
Por ahora, los "Archivos Epstein" siguen siendo objeto de análisis judicial y político. Pero el mero hecho de que expertos en derechos humanos contemplen esa posibilidad confirma algo: el caso podría no ser solo la historia de un depredador con contactos influyentes, sino la sombra de una estructura mucho más amplia. Y eso cambiaría radicalmente la narrativa.
lunes, 16 de febrero de 2026
Cómo afecta la regularización masiva de inmigrantes a España y a Europa
La regularización masiva de inmigrantes es una de esas decisiones que se presentan como solución humanitaria inmediata, pero que tienen implicaciones profundas —económicas, sociales, políticas y culturales— tanto para España como para el conjunto de Europa.
En el caso de España, el debate no es nuevo. Ya ocurrió en 2005 bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se regularizó a más de 500.000 personas. Aquella medida aumentó la afiliación a la Seguridad Social y redujo la economía sumergida a corto plazo. Ese es el principal argumento a favor: personas que ya están trabajando pasan a cotizar, pagar impuestos y consumir formalmente.
Pero el efecto no se agota ahí.
En el plano económico, una regularización masiva amplía la oferta laboral en sectores de baja cualificación (hostelería, agricultura, construcción, cuidados). Esto puede aliviar déficits de mano de obra y contribuir a sostener el sistema de pensiones en una sociedad envejecida como la española.
Sin embargo, también puede ejercer presión a la baja sobre salarios en determinados sectores y aumentar la competencia por servicios públicos —sanidad, educación, vivienda— especialmente en barrios vulnerables. Cuando la vivienda ya es el principal problema del país, cualquier incremento rápido de demanda tensiona aún más el mercado.
En el plano político, la regularización tiene un efecto llamada potencial. No necesariamente inmediato, pero sí simbólico: si el mensaje percibido es que quien entra y permanece acaba regularizado, el incentivo a la migración irregular aumenta. Esto no depende solo de España, sino del marco europeo.
En la Unión Europea, las decisiones nacionales tienen impacto transfronterizo, porque el espacio Schengen permite la movilidad posterior. Por eso países como Francia, Alemania o Italia observan con atención cualquier proceso español.
A nivel europeo, el problema es estructural. La UE necesita inmigración por razones demográficas: baja natalidad y envejecimiento acelerado. Pero al mismo tiempo enfrenta una creciente desconfianza social hacia los procesos migratorios desordenados.
Cuando la gestión no es percibida como controlada, se alimentan fuerzas políticas antiinmigración y se polariza el debate. Lo que para unos es una medida humanitaria, para otros es un síntoma de pérdida de soberanía y de control de fronteras.
Hay también un factor clave: la integración. Regularizar no es integrar. La integración exige empleo estable, aprendizaje del idioma, respeto al marco legal y cohesión social. Sin políticas activas y recursos suficientes, la regularización puede convertirse en mera legalización administrativa sin verdadera incorporación social.
Por otro lado, también conviene señalar que la economía española tiene una dependencia real de la inmigración. Sectores enteros funcionarían con dificultad sin trabajadores extranjeros. Negar esa realidad es tan simplista como ignorar los costes de una regularización masiva mal planificada.
En resumen, los efectos dependen del diseño y del contexto:
– Si se acompaña de control fronterizo efectivo, coordinación europea e integración real, puede aliviar tensiones laborales y fiscales.
– Si se percibe como improvisada, unilateral o electoralista, puede aumentar la polarización y la presión sobre servicios públicos.
España no decide en el vacío. En una Europa envejecida, la cuestión no es si habrá inmigración, sino cómo se gestiona. Y ahí está la verdadera discusión: orden frente a desorden, planificación frente a impulso político.
PSOE o Sánchez. Cuando la identidad socialista depende de la supervivencia del líder.
La pregunta "PSOE o Sánchez" ya no es un simple juego dialéctico. Es, en realidad, el dilema silencioso que atraviesa hoy al Partido Socialista Obrero Español. Porque lo que está en discusión no es solo un liderazgo, sino la naturaleza misma del partido y su grado de autonomía frente a la figura de Pedro Sánchez.
Desde su regreso a la secretaría general en 2017, tras aquella derrota interna que lo expulsó momentáneamente del poder orgánico, Sánchez no solo recuperó el control del PSOE: lo redefinió. Su victoria frente al aparato tradicional no fue únicamente un triunfo personal; fue el inicio de una etapa marcada por la concentración del liderazgo, la reconfiguración de los equilibrios territoriales y la transformación del partido en una estructura mucho más vertical.
El PSOE ha sido históricamente una organización de fuertes corrientes internas, de barones territoriales con peso propio y de debates intensos que, para bien o para mal, formaban parte de su identidad. Desde la etapa de Felipe González hasta las tensiones más recientes con líderes autonómicos, el socialismo español convivió con el conflicto interno como parte de su ADN. Hoy, en cambio, la sensación predominante es otra: el margen para la discrepancia es estrecho y el liderazgo se ejerce sin contrapesos visibles.
La política del Gobierno y la estrategia del partido aparecen fusionadas en una misma narrativa personal. Cada decisión relevante —pactos parlamentarios, remodelaciones, posicionamientos estratégicos— se interpreta en clave sanchista. La identidad socialista se diluye en la lógica de la supervivencia del líder. No se discute si la medida es coherente con una tradición ideológica amplia; se discute si refuerza o debilita a Sánchez.
Ese proceso tiene ventajas evidentes. La centralización evita luchas intestinas, ofrece una imagen de cohesión y permite reaccionar con rapidez en escenarios políticos volátiles. Pero también entraña riesgos. Cuando un partido se confunde con su líder, su suerte queda ligada a la biografía política de una sola persona. Si el líder gana, el partido se fortalece. Si el líder se desgasta, el partido entero acusa el golpe.
La cuestión de fondo no es si el PSOE respalda a Sánchez; eso es evidente. La pregunta es si el PSOE conserva una identidad reconocible más allá de Sánchez. ¿Existe un proyecto que sobreviva al actual liderazgo? ¿Hay relevo natural, debate real, cultura interna autónoma? ¿O el partido ha transitado de ser una organización histórica con múltiples almas a convertirse en una plataforma cohesionada alrededor de un liderazgo carismático y resistente?
En el corto plazo, la ecuación parece clara: PSOE y Sánchez son lo mismo. En el medio y largo plazo, la historia política enseña que ningún liderazgo es eterno. Los partidos que subordinan completamente su identidad a una figura concreta suelen enfrentar, cuando llega el relevo, una crisis de redefinición profunda.
Por eso el dilema no es solo retórico. "PSOE o Sánchez" es, en realidad, una pregunta sobre el futuro del socialismo español. Y la respuesta dependerá de si el partido decide seguir siendo una organización con memoria, debate y estructura propia, o si acepta definitivamente que su destino está indisolublemente unido al de su actual líder.
domingo, 15 de febrero de 2026
Óscar López contra Javier Lambán: la cobardía de culpar a los muertos que no se pueden defender
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Óscar López |
El muerto como coartada
Lambán fue durante años presidente de Aragón y referente de un socialismo territorial que no siempre coincidía con la línea oficial de Madrid. Tenía voz propia. A veces incómoda. Pero ahora, desde la distancia, su figura sirve para explicar lo inexplicable: derrotas, tensiones internas, errores estratégicos.
Es una maniobra eficaz a corto plazo. El aludido no está en el plató, no controla la agenda, no tiene el altavoz orgánico. No puede replicar en igualdad de condiciones. Y eso convierte el ajuste de cuentas en un ejercicio asimétrico.
Una constante en el socialismo español
No es la primera vez que ocurre. El socialismo español ha mostrado históricamente una tendencia a reescribir etapas anteriores cuando el presente aprieta. Se elevan figuras cuando conviene y se amortizan cuando estorban. El pasado es maleable. Los líderes, intercambiables. Y las responsabilidades, transferibles.
El problema no es solo ético; es estratégico. Porque cuando un partido convierte a los suyos en enemigos retroactivos, transmite un mensaje inquietante: nadie está a salvo del relato oficial. Hoy eres referente; mañana, lastre.
El riesgo de gobernar contra la memoria
La política es combate, sí. Pero también es lealtad mínima hacia quienes compartieron proyecto. Convertir a Lambán en contenedor de errores ajenos puede aliviar tensiones internas, pero erosiona algo más profundo: la credibilidad del partido como comunidad política estable.
Si todo se explica por herencias recibidas, por errores pretéritos, por liderazgos ya amortizados, ¿quién asume el presente? ¿Quién responde por las decisiones actuales?
Culpar a los muertos es cómodo. No contradicen. No interrumpen. No votan en primarias. Pero tampoco convencen al electorado.
Y quizá ese sea el problema real: cuando un partido necesita mirar al pasado para explicar el presente, suele ser porque el presente no se sostiene por sí solo.
Aviso a Vox: el sistema electoral empuja al bipartidismo
La combinación de circunscripciones provinciales y método D’Hondt tiende, elección tras elección, a concentrar el poder en dos grandes bloques. Podrá haber irrupciones, sacudidas, ciclos de entusiasmo y castigo, pero al final el tablero se recompone alrededor de dos polos dominantes. Y quien no entienda esa lógica, acaba pagando el precio.
Ahí están los precedentes: Ciudadanos y Podemos.
Ciudadanos pasó de ser llave de gobierno y promesa de regeneración a desaparecer prácticamente del mapa institucional. Podemos, que llegó a soñar con el "sorpasso", terminó diluido en una coalición y fracturado internamente hasta perder su centralidad. Ambos cometieron errores propios, sin duda. Pero también chocaron con una realidad estructural: en España, el espacio para terceros actores es estrecho y volátil.
Para Vox el riesgo es evidente. Hoy puede resultar más cómodo mantener un discurso de oposición firme, marcar perfil, señalar contradicciones ajenas y evitar el desgaste de la gestión.
Ver los toros desde la barrera permite preservar la pureza ideológica y esquivar las renuncias que impone el poder. Pero esa comodidad tiene fecha de caducidad.
Un partido que aspira a condicionar el rumbo del país no puede instalarse permanentemente en la denuncia. En algún momento, gobernar deja de ser una opción táctica y se convierte en una exigencia estratégica. Porque el votante, tarde o temprano, formula la pregunta incómoda: "¿Para qué te hemos votado?". Si la respuesta es solo altavoz y no acción, la frustración acaba traduciéndose en fuga.
El sistema electoral no premia la testimonialidad sostenida. Premia la utilidad. Y en un entorno donde el voto útil reaparece con fuerza en cuanto se percibe riesgo o incertidumbre, los electores tienden a reagruparse en torno a quien consideran con capacidad real de gobernar. La experiencia demuestra que cuando el clima político se polariza, el espacio intermedio o periférico se estrecha.
El desafío para Vox no es únicamente crecer, sino consolidarse como fuerza con vocación de gobierno. Eso implica asumir contradicciones, gestionar presupuestos, negociar, ceder y rendir cuentas. Implica pasar del eslogan a la administración cotidiana, del mitin al BOE. Y ahí es donde muchos proyectos se desgastan.
Evitar el destino de Ciudadanos y la irrelevancia progresiva de Podemos exige algo más que firmeza discursiva. Exige estrategia a largo plazo y conciencia de que el sistema, casi siempre, empuja hacia dos grandes alternativas. Quien no quiera ser absorbido, debe demostrar que no solo sabe protestar, sino también gobernar.
Porque en política, como en la plaza, el público puede aplaudir desde la grada… pero el respeto verdadero se gana bajando al ruedo.
viernes, 13 de febrero de 2026
La mediocridad de Patxi López: en política, como en casi todo, el desprecio suele ser la coartada de quien carece de autoridad propia.
Que Patxi López trate de menospreciar a Felipe González no rebaja la estatura política del segundo; más bien delata la inseguridad del primero. En política, como en casi todo, el desprecio suele ser la coartada de quien carece de autoridad propia.
Felipe González podrá suscitar críticas —y las merece, como cualquier dirigente que gobernó catorce años—, pero su peso histórico es incontestable. Fue el presidente que consolidó la España constitucional, pilotó la modernización económica y ancló definitivamente al país en Europa. Se podrá discutir su legado; lo que resulta más difícil es ignorarlo.
Patxi López, en cambio, representa otro tipo de liderazgo: más orgánico que carismático, más dependiente del aparato sanchista que del respaldo popular directo. Cuando arremete contra González no parece estar confrontando ideas, sino tratando de ajustar cuentas simbólicas dentro de su propio espacio político. Y ahí es donde el gesto pierde fuerza y gana en pequeñez.
En los partidos envejecidos por el poder, la tentación de borrar a los referentes incómodos es recurrente. La historia reciente del PSOE está plagada de tensiones entre sus distintas generaciones: los que construyeron el poder, los que lo administraron y los que ahora lo gestionan en un contexto de fragmentación y polarización. Pero descalificar a quienes fueron pilares del proyecto no fortalece al partido; lo empequeñece.
Porque el respeto a la trayectoria ajena no implica adhesión incondicional. Se puede disentir de Felipe González sin caricaturizarlo. Se puede defender una nueva etapa sin denigrar la anterior. Lo contrario revela más ansiedad que convicción.
Al final, la política es también una cuestión de escala. Hay dirigentes que trascienden sus siglas y hay dirigentes que solo existen dentro de ellas. Cuando el primero es atacado con ligereza, no se erosiona su legado; se evidencia la falta de talla del atacante.
Intentar rebajar a González no lo hace más pequeño. Simplemente deja a la vista la medida exacta de quien lo intenta.
La casta: manual irónico para ascender del anonimato al privilegio
En España, el término "la casta" se popularizó como arma arrojadiza contra una élite política desconectada del ciudadano común. Lo paradójico es que, con el tiempo, quienes denunciaban la casta acabaron integrándose en ese mismo ecosistema de poder, asesores, cargos de confianza y puertas giratorias.
Manual para dejar atrás la vida corriente y adentrarse en los pasillos alfombrados del poder.
1. El primer paso: entrar en el engranaje
Únete a un partido político como voluntario o militante. No importa tanto la ideología como la oportunidad. Lo esencial es ganar visibilidad interna. Organiza actos, reparte propaganda, mueve redes sociales, hazte omnipresente en agrupaciones locales. La política moderna no premia tanto la reflexión como la disponibilidad permanente.
El proselitismo constante crea capital relacional. Y en política, el capital relacional vale más que cualquier máster.
2. Escalar: la disciplina antes que el talento
Participa en elecciones internas, intégrate en corrientes, alíate con quien controle las listas. La meritocracia existe, pero casi siempre subordinada a la lealtad. El que controla la candidatura controla el futuro.
Desarrolla habilidades clave: oratoria, control de daños, gestión de crisis y, sobre todo, resistencia a la presión pública. No se trata de tener razón, sino de mantener el relato.
3. La construcción del personaje
Aquí empieza el desdoblamiento. Una personalidad pública —épica, comprometida, indignada si conviene— y otra privada, más pragmática, más cómoda. La coherencia absoluta no suele ser rentable.
No es imprescindible mentir; basta con "evolucionar". Cambiar de opinión puede venderse como madurez. Defender hoy lo contrario de ayer puede llamarse adaptación al contexto. Las hemerotecas molestan, pero la memoria colectiva es frágil.
Convicción profunda no es obligatoria. Lo imprescindible es la convicción escénica.
4. La elasticidad moral
En esta sátira, los escrúpulos aparecen como un obstáculo operativo. La honradez estricta, como una ingenuidad. El gasto superfluo puede justificarse como "actividad institucional". El privilegio se redefine como "condición inherente al cargo".
El lenguaje es el gran aliado: no hay contradicciones, hay matices. No hay promesas incumplidas, hay cambios de escenario. No hay privilegios, hay responsabilidades.
5. La red de seguridad
Una vez dentro, el sistema tiende a proteger a los suyos. Asesores, cargos intermedios, empresas públicas, consejos consultivos. La política profesional genera su propia estructura de continuidad. Quien sabe moverse en ella puede pasar de legislatura en legislatura sin regresar jamás a la vida civil.
Y así, poco a poco, el ciudadano normal descubre que el verdadero ascenso social no siempre está en la empresa privada ni en el emprendimiento, sino en la estructura partidaria.
Epílogo
Entrar en política puede ser un acto de idealismo.
Salir de ella, para algunos, es rendirse a la irrelevancia.







