Durante siglos, en Occidente el país fue conocido como Persia. El nombre evocaba imperios antiguos, palacios, caravanas y una de las civilizaciones más influyentes de la Antigüedad. Sin embargo, en 1935 el Estado decidió abandonar oficialmente esa denominación y adoptar otra: Irán. El cambio no fue una simple cuestión lingüística, sino una decisión profundamente política.
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El responsable fue Reza Shah Pahlavi, fundador de la dinastía Pahlavi y uno de los grandes modernizadores del país en el siglo XX. En plena construcción de un Estado nacional fuerte, ordenó a la comunidad internacional que dejara de utilizar "Persia" y empleara "Irán", el nombre que ya usaban internamente muchos de sus habitantes.
"Irán" deriva de una antigua palabra que significa aproximadamente "tierra de los arios", un término ligado a las raíces indoeuropeas de los pueblos iranios. Con ese gesto, el régimen buscaba reforzar una identidad nacional distinta tanto del mundo árabe como de la herencia colonial que muchos asociaban al término Persia.
Irán no es un país árabe
Y es que, pese a la imagen simplificada que a veces circula en Occidente, Irán no es un país árabe. Los árabes representan apenas alrededor del uno por ciento de la población. La gran mayoría pertenece al grupo étnico persa o a otros pueblos iranios como kurdos, azeríes o baluches. La lengua predominante tampoco es el árabe, sino el persa (farsi), una lengua indoeuropea emparentada muy lejanamente con idiomas europeos.
La religión del imperio persa era el zoroastrismo
Tampoco su tradición religiosa original fue el islam. Mucho antes de la expansión musulmana del siglo VII, la fe dominante en el antiguo imperio persa era el zoroastrismo, una religión monoteísta fundada por el profeta Zoroastro. Su influencia fue enorme: conceptos como la lucha entre el bien y el mal, el juicio final o la figura de un salvador escatológico influyeron en tradiciones posteriores del judaísmo, el cristianismo y el islam.
La islamización llegó tras la conquista árabe del siglo VII, cuando el Imperio sasánida colapsó. Con el tiempo, Irán desarrolló una identidad islámica propia, marcada por la adopción del chiismo como religión dominante, algo que lo distingue de la mayoría suní del mundo musulmán.
Por eso, entender a Irán únicamente como "otro país de Oriente Medio" es un error histórico. Su identidad está atravesada por capas mucho más antiguas: imperios milenarios, una religión preislámica influyente y una cultura que se remonta a la antigua Persia.
El nombre cambió en 1935. Pero detrás de "Irán" sigue latiendo, todavía hoy, la larga sombra de Persia.








