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Santiago Segura |
Quienes conocen la saga iniciada con "Torrente, el brazo tonto de la ley" saben que el personaje siempre ha vivido de la provocación, del exceso y de la incorrección política. Pero esta vez la provocación no está (todavía) en pantalla: está en la estrategia.
La antipromoción como campaña
A diferencia de sus anteriores producciones —que contaban con una maquinaria publicitaria tradicional, avances, carteles y una batería de entrevistas—, Segura ha optado por lo contrario: el misterio. En una industria donde todo se sobreexpone meses antes del estreno, la ausencia de información se convierte en noticia.
Hace apenas unas horas, el director publicó un vídeo en redes sociales que funciona más como advertencia que como promoción:
"¿Te ofende ver en las películas retratado el machismo, el racismo, la violencia gratuita, la escatología, la drogadicción? Gente buena y sensible del mundo, esta película no es para vosotros, vosotras, vosotres. Yo no la vería, solo la he hecho".
No es solo una frase provocadora; es un guiño directo a la cultura de la cancelación, a la hipersensibilidad contemporánea y al debate constante sobre los límites del humor. Segura no explica de qué va la película, pero sí deja claro el tono: incómodo, excesivo, deliberadamente ofensivo.
Torrente en tiempos de polarización
Si en sus primeras entregas Torrente era una caricatura grotesca de la España casposa, machista y corrupta, ahora el personaje aterriza en un contexto político mucho más inflamable. El título —Presidente— sugiere una sátira directa del poder, aunque no sabemos aún si apuntará a figuras concretas o si optará por la crítica transversal.
Lo que sí parece evidente es que Segura está jugando con las expectativas. Al no mostrar nada, obliga a que la conversación gire en torno a lo que podría ser. Y en ese terreno, Torrente siempre ha sido terreno fértil para la polémica.
Marketing o desafío ideológico
¿Es una jugada comercial brillante? Probablemente. El misterio genera curiosidad, y la advertencia genera morbo. Pero también puede interpretarse como una declaración de intenciones: Segura no busca gustar a todos, ni adaptarse al clima cultural dominante.
En un momento donde muchas producciones suavizan aristas para evitar controversias, el creador de Torrente parece redoblar la apuesta por el exceso. Y lo hace sin pedir permiso.
El 13 de marzo se despejarán las dudas. Hasta entonces, "Torrente Presidente" ya ha conseguido algo: que se hable de ella sin haber mostrado ni un solo fotograma. Y eso, en tiempos de saturación mediática, es quizá la provocación más inteligente de todas.










