sábado, 29 de agosto de 2026

El PSOE da por amortizado a Sánchez tras la crisis de Ceuta

Los ceutíes jodidos y tú de vacaciones.

La crisis de Ceuta ha abierto una grieta que durante años parecía imposible dentro del PSOE: la discusión sobre el futuro de Pedro Sánchez. Nadie en Ferraz ha anunciado su relevo ni existe, formalmente, una operación para apartarlo. Pero el tabú empieza a romperse. Y cuando comienzan a aparecer voces que hablan del «día después», el problema deja de ser exclusivamente externo.

La magnitud de la crisis explica el cambio. Entre el 30 y el 31 de julio entraron en Ceuta más de 70.000 personas procedentes de Marruecos. Casi un mes después, miles seguían en la ciudad, entre ellos numerosos menores, mientras la normalidad continuaba lejos de recuperarse. El propio Gobierno terminó reconociendo la dimensión extraordinaria de la situación y creó un mando único, después de haberse resistido durante semanas a hacerlo. 

El problema político para Sánchez no es únicamente la crisis, sino la impresión de que llegó tarde. La convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional se produjo 26 días después del estallido, mientras se acumulaban críticas por la falta de coordinación y por la respuesta insuficiente del Estado. 

Lo verdaderamente preocupante para el presidente es que las críticas ya no proceden solamente del PP, Vox o los medios de comunicación. Han aparecido dentro de su propia organización. Dos diputados socialistas de la Asamblea de Ceuta, Melchor León y Sebastián Guerrero, han reclamado públicamente una respuesta más contundente del Gobierno y han asegurado que anteponen los intereses de la ciudad a la disciplina partidista. 

León ha sido especialmente contundente. Ha llegado a afirmar que los ceutíes se sienten abandonados y que resulta «muy triste» que sea precisamente un Gobierno socialista el que, a su juicio, haya dejado sola a la ciudad. También reclamó al presidente declarar la emergencia de interés nacional y adoptar medidas extraordinarias. 

La respuesta de Ferraz ha sido significativa: en lugar de asumir las críticas como una legítima discrepancia territorial, la dirección federal abrió un expediente político a los dos diputados por decisiones adoptadas en la Asamblea. El enfrentamiento demuestra hasta qué punto la crisis ha quebrado la unidad del socialismo ceutí y ha convertido la gestión de la inmigración en un problema interno para Sánchez.

Pero hay un dato todavía más revelador. El ministro Óscar Puente ha hablado públicamente del momento en que Sánchez dejará el liderazgo del PSOE y ha dejado abierta la posibilidad de que el relevo se produzca después de la próxima legislatura. Otros análisis periodísticos señalan que en el partido comienza a discutirse, aunque sea tímidamente, la sucesión.

Eso no significa que Sánchez esté acabado. Sería un error repetir el pronóstico tantas veces formulado en el pasado. El presidente ha demostrado una extraordinaria capacidad de supervivencia política: fue expulsado de la dirección socialista en 2016, regresó contra el aparato del partido y posteriormente llegó a La Moncloa. Después volvió a gobernar en 2023 cuando muchos daban por imposible su continuidad.

Pero Ceuta introduce una diferencia esencial: por primera vez el desgaste no procede únicamente de sus adversarios; empieza a afectar al instinto de conservación del propio PSOE.

El partido puede seguir cerrando filas, negando cualquier crisis interna y defendiendo la gestión gubernamental. De hecho, la portavoz socialista Montse Mínguez ha rechazado frontalmente la acusación de que el Ejecutivo estuviera de vacaciones durante la crisis.

Sin embargo, la política tiene sus propios tiempos. Cuando ministros hablan del relevo, diputados socialistas desafían públicamente a Ferraz y dirigentes territoriales comienzan a cuestionar la estrategia presidencial, la pregunta ya no es si Sánchez es intocable. La pregunta es cuánto tiempo puede seguir siéndolo.

Ceuta quizá no haya provocado todavía la sucesión de Sánchez, pero sí ha conseguido algo que hasta ahora parecía imposible: que dentro del PSOE empiece a hablarse de ella en voz alta.

1 comentario:

  1. La historia del PSOE a lo largo de un siglo demuestra algo que ahora palpamos: es un partido dedicado a sembrar odio y confrontación, ha provocado golpes de estado y guerra civil, y es hora de rezar un requiem. El PSOE hoy no tiene razón de existir.

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