lunes, 31 de agosto de 2026

El desastre de Ceuta hunde a Sánchez y a sus socios: pierden ya 2,2 millones de votantes

Pedri, ¿y esa marca en el cuello?

La crisis de Ceuta ha dejado de ser únicamente un problema de seguridad, inmigración y gestión gubernamental para convertirse en una amenaza electoral de primer orden para Pedro Sánchez. La última encuesta de Sigma Dos para El Mundo dibuja un escenario especialmente adverso para el presidente: PSOE y Sumar perderían en conjunto 2,2 millones de votos respecto a las elecciones generales de 2023 y quedarían muy lejos de la mayoría necesaria para continuar gobernando.

El PSOE obtendría ahora el 25,4% de los votos y 101 diputados, veinte menos que los 121 conseguidos en julio de 2023. Sumar se quedaría en el 6,6% y apenas diez escaños, frente a los 31 que logró en las últimas generales. Entre ambos sumarían solamente 111 diputados. En 2023, PSOE y Sumar habían conseguido 152.

El dato más preocupante para La Moncloa no es, sin embargo, la pérdida de escaños, sino el deterioro de la confianza ciudadana. El 62,9% de los entrevistados considera mala o muy mala la gestión del Gobierno. Incluso entre los propios votantes socialistas de 2023, uno de cada cuatro desaprueba la actuación del Ejecutivo.

La valoración personal de Sánchez tampoco resiste el golpe. El presidente obtiene una nota de apenas 3 sobre 10, medio punto menos que en el anterior sondeo. Entre los jóvenes recibe un 2,8 y entre las mujeres un 2,9, precisamente dos sectores que durante los últimos años han constituido una parte esencial de su electorado.

Ceuta parece haber actuado como acelerador de un desgaste que ya venía produciéndose. La respuesta del Gobierno a la entrada masiva de inmigrantes, las contradicciones entre distintos miembros del Ejecutivo y la incertidumbre sobre el número real de personas que permanecen en la ciudad han alimentado la percepción de improvisación. En el Congreso, siete ministros tuvieron que comparecer durante más de 27 horas sin conseguir despejar completamente las dudas sobre las cifras de entradas, menores, retornados y fallecidos. 

El desgaste tiene una traducción política inmediata. El 68,8% de los españoles considera que Sánchez debería dimitir o convocar elecciones. El 45,7% se inclina por que convoque comicios y deje paso a otro candidato socialista, mientras que otro 13,8% considera que debería dimitir y ser sustituido por un compañero de partido. Incluso entre quienes votaron al PSOE en 2023, el 41,7% defiende alguna de estas dos alternativas.

Mientras la izquierda retrocede, el PP y Vox avanzan. Alberto Núñez Feijóo obtendría 143 diputados y el 33,1% de los votos, mientras Santiago Abascal alcanzaría 61 escaños y el 17,9%. Juntos sumarían 204 diputados, veintiocho por encima de la mayoría absoluta. 

No se trata, además, de un fenómeno exclusivamente provocado por Ceuta. Otros sondeos realizados durante agosto ya habían situado al PSOE en torno a los cien escaños y reflejado una ventaja creciente del bloque PP-Vox. Una encuesta de SocioMétrica publicada a comienzos de mes otorgaba al PP 149 diputados y a Vox 57, mientras PSOE y Sumar apenas reunían 110.

La cuestión decisiva para Sánchez es ahora si Ceuta constituye un episodio pasajero o el símbolo de un cambio de ciclo. La encuesta de Sigma Dos parece sugerir lo segundo. El PSOE conserva todavía una base electoral considerable, pero su fidelidad se ha reducido al 66,3%. Sumar presenta una situación todavía más dramática: sólo mantiene al 34,8% de sus antiguos votantes. 

La crisis de Ceuta, por tanto, no ha creado por sí sola todos los problemas del Gobierno, pero los ha concentrado y hecho visibles. Seguridad, inmigración, liderazgo, desgaste interno y pérdida de confianza aparecen ahora unidos en una misma fotografía electoral.

Si esta tendencia se mantuviera hasta las próximas generales, Sánchez afrontaría las urnas desde una posición extraordinariamente vulnerable. Y sus socios, lejos de ayudarle a conservar La Moncloa, se encuentran ellos mismos en proceso de hundimiento. El dato de los 2,2 millones de votos perdidos resume el problema: el bloque que permitió a Sánchez gobernar en 2023 ya no parece capaz de reproducir aquella mayoría.

Ceuta puede terminar siendo, así, mucho más que una crisis fronteriza. Puede convertirse en el episodio que marque el principio del fin del ciclo político de Pedro Sánchez.

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