domingo, 9 de agosto de 2026

Miles de migrantes siguen en Ceuta: las cifras del Gobierno no cuadran

¿Cuántas personas entraron realmente en Ceuta?

La crisis migratoria que estalló en Ceuta el pasado 30 de julio está lejos de haber terminado. Aunque desde el Gobierno se intenta transmitir la imagen de que la situación comienza a normalizarse, la realidad ofrece una fotografía bastante diferente: miles de migrantes continúan en la ciudad y ni siquiera existe una cifra fiable sobre cuántos permanecen allí.

El problema empieza por el principio. ¿Cuántas personas entraron realmente en Ceuta? El Gobierno central ha manejado sucesivamente cifras de 50.000 y, posteriormente, alrededor de 72.000 personas. Pero el propio carácter estimativo de esos números demuestra la dificultad de conocer con precisión la magnitud de la avalancha. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha llegado a hablar de unas 80.000 entradas. 

Tampoco existe acuerdo sobre cuántos han regresado a Marruecos. Mientras el Gobierno ha sostenido que aproximadamente 70.000 de los 72.000 que entraron ya habían vuelto, fuentes de las Fuerzas de Seguridad manejaron una cifra de unos 73.500 retornos. La diferencia no es menor: plantea una pregunta elemental que todavía no tiene respuesta clara: ¿cuántas personas permanecen realmente en territorio español? 

El Gobierno insiste en que son alrededor de 2.000. Pero sobre el terreno aparecen datos que contradicen esa estimación. En la playa del Trampolín, por ejemplo, Cruz Roja llegó a repartir más de 2.500 raciones de comida en un solo día. Policía y trabajadores humanitarios calculaban allí más de 2.000 personas. Y el presidente Vivas elevó la estimación global de los que permanecían en Ceuta hasta entre 3.000 y 6.000. 

La situación resulta todavía más llamativa cuando se habla de los menores. El Ministerio de Juventud e Infancia reconocía el 7 de agosto haber registrado 1.342 menores en los sistemas de acogida. Pero organizaciones y asociaciones que trabajan directamente en los barrios ceutíes han obtenido cifras muy superiores. Una asociación de vecinos de El Príncipe llegó a censar 4.860 menores en apenas dos jornadas. Evidentemente, ese censo no puede considerarse un registro oficial definitivo, pero resulta imposible ignorarlo cuando las propias autoridades admiten que todavía existen menores que no han sido identificados. 

Y probablemente ahí se encuentre la clave de toda esta polémica. No necesariamente estamos ante cifras falsas en el sentido de inventadas, sino ante estimaciones provisionales obtenidas en una situación de absoluto desbordamiento. El problema aparece cuando esas estimaciones se presentan públicamente como si fueran datos sólidos y cerrados.

Porque Ceuta no es una ciudad cualquiera. Tiene unos 85.000 habitantes y ha tenido que absorber en cuestión de horas una entrada extraordinaria de decenas de miles de personas. El sistema de acogida quedó desbordado y todavía existen migrantes escondidos en montes, barrancos, playas, viviendas particulares y otros lugares que no aparecen en ningún registro. 

Una crisis de esta magnitud exige algo elemental: saber cuántas personas entraron, cuántas han regresado y cuántas continúan en territorio español. Mientras esas tres cifras no estén suficientemente acreditadas, cualquier balance será necesariamente provisional.

Y hay una cuestión política que tampoco puede esquivarse: si el Estado no dispone todavía de un recuento fiable de las personas que permanecen en Ceuta, ¿cómo puede garantizar que conoce exactamente la dimensión de la crisis y que tiene bajo control sus consecuencias?

La primera obligación de un Gobierno ante una emergencia fronteriza no es maquillar las cifras, sino contarlas bien.

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