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El Helicoide, centro de tortura y muerte |
Convertir un centro de tortura en un espacio deportivo puede sonar a reconciliación, pero sin verdad ni justicia corre el riesgo de convertirse en simple blanqueamiento simbólico. Las víctimas no reclaman cemento nuevo, sino reconocimiento, responsabilidades y garantías de no repetición.
En este contexto, también resulta revelador el lenguaje. Cuando Felipe VI se refirió a los presos políticos venezolanos como "retenidos", muchos vieron en esa palabra una forma diplomática —y preocupante— de describir lo que múltiples organismos internacionales han documentado como detenciones arbitrarias y tratos inhumanos.
Cambiar el uso de El Helicoide no basta si antes no se asume lo ocurrido entre sus muros. Sin memoria, cualquier polideportivo corre el riesgo de construirse sobre el silencio. Y el silencio, en Venezuela, siempre ha sido cómplice.

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