domingo, 19 de julio de 2026

La izquierda que desapareció de mi memoria

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Pedro Sánchez y su padrino político, José Luis Rodríguez Zapatero, han conseguido algo que nunca imaginé: borrar de mi memoria cualquier resto de simpatía hacia la izquierda. Por ello, paradójicamente, casi tendría que darles las gracias.

Nunca he votado al PSOE. Nunca. Ni siquiera en los años de mayor entusiasmo socialista. Mi imagen de aquellos primeros socialistas de la Transición era la de muchos advenedizos que comenzaron a aparecer en las manifestaciones cuando Franco ya había muerto y la Policía Armada, los conocidos "grises", tenía órdenes de contenerse. Ya no había porrazos ni aquellas pelotas de goma que dolían una barbaridad. El riesgo había desaparecido y, con él, surgieron muchos héroes tardíos.

En 1982, cuando Felipe González obtuvo una histórica mayoría absoluta, yo vivía en Granada. Recuerdo perfectamente el ambiente de aquellos años. Se hablaba sin rubor de la cultura del pelotazo, del dinero fácil y del ascenso meteórico de una nueva clase de triunfadores. Si por la calle te cruzabas con un hombre joven, impecablemente trajeado, con un maletín que parecía rebosar de documentos y dinero, casi instintivamente pensabas: "Ese debe de ser socialista". Era un estereotipo, sin duda, pero reflejaba el clima que muchos percibíamos entonces.

Granada tenía además una alcaldesa socialista cuya actitud hacia el cristianismo me produjo siempre un profundo rechazo. No era únicamente una cuestión política; era la sensación de que determinadas convicciones religiosas eran contempladas con desprecio, como si pertenecer a ellas fuera un signo de atraso.

En muchos pueblos ocurría algo parecido con las listas del paro. Quien controlaba su elaboración controlaba buena parte de las lealtades políticas. Para demasiadas personas, aquel poder administrativo terminaba siendo el principal argumento para votar al PSOE. No afirmo que fuera la única razón de todos los votantes, pero sí fue una realidad que vi de cerca y que me impresionó profundamente.

Con el paso de los años, lejos de mejorar esa percepción, la evolución del socialismo español la ha ido agravando. La deriva moral y política que, a mi juicio, representan Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez ha terminado por hacer desaparecer cualquier posibilidad de identificación con una izquierda que, en otros tiempos, al menos pretendía defender determinados ideales.

No escribo estas líneas para convencer a nadie. Son simplemente el testimonio de una memoria personal. Cada generación conserva sus propios recuerdos y cada ciudadano extrae de ellos sus propias conclusiones. Estas son las mías.

La memoria no suele borrar los nombres; borra las ilusiones. Y la mía hace ya muchos años que dejó de asociar la palabra «izquierda» con esperanza para asociarla con desencanto.

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