domingo, 15 de febrero de 2026

Óscar López contra Javier Lambán: la cobardía de culpar a los muertos que no se pueden defender

Óscar López

Las recientes referencias de Óscar López a la figura de Javier Lambán encajan demasiado bien en esa tradición incómoda del Partido Socialista Obrero Español: cuando algo falla, el problema siempre está en el pasado, en el barón incómodo, en el dirigente que ya no manda… o que ya no está.

El muerto como coartada

Lambán fue durante años presidente de Aragón y referente de un socialismo territorial que no siempre coincidía con la línea oficial de Madrid. Tenía voz propia. A veces incómoda. Pero ahora, desde la distancia, su figura sirve para explicar lo inexplicable: derrotas, tensiones internas, errores estratégicos.

Es una maniobra eficaz a corto plazo. El aludido no está en el plató, no controla la agenda, no tiene el altavoz orgánico. No puede replicar en igualdad de condiciones. Y eso convierte el ajuste de cuentas en un ejercicio asimétrico.

Una constante en el socialismo español

No es la primera vez que ocurre. El socialismo español ha mostrado históricamente una tendencia a reescribir etapas anteriores cuando el presente aprieta. Se elevan figuras cuando conviene y se amortizan cuando estorban. El pasado es maleable. Los líderes, intercambiables. Y las responsabilidades, transferibles.

El problema no es solo ético; es estratégico. Porque cuando un partido convierte a los suyos en enemigos retroactivos, transmite un mensaje inquietante: nadie está a salvo del relato oficial. Hoy eres referente; mañana, lastre.

El riesgo de gobernar contra la memoria

La política es combate, sí. Pero también es lealtad mínima hacia quienes compartieron proyecto. Convertir a Lambán en contenedor de errores ajenos puede aliviar tensiones internas, pero erosiona algo más profundo: la credibilidad del partido como comunidad política estable.

Si todo se explica por herencias recibidas, por errores pretéritos, por liderazgos ya amortizados, ¿quién asume el presente? ¿Quién responde por las decisiones actuales?

Culpar a los muertos es cómodo. No contradicen. No interrumpen. No votan en primarias. Pero tampoco convencen al electorado.

Y quizá ese sea el problema real: cuando un partido necesita mirar al pasado para explicar el presente, suele ser porque el presente no se sostiene por sí solo.

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