En España, el término "la casta" se popularizó como arma arrojadiza contra una élite política desconectada del ciudadano común. Lo paradójico es que, con el tiempo, quienes denunciaban la casta acabaron integrándose en ese mismo ecosistema de poder, asesores, cargos de confianza y puertas giratorias.
Manual para dejar atrás la vida corriente y adentrarse en los pasillos alfombrados del poder.
1. El primer paso: entrar en el engranaje
Únete a un partido político como voluntario o militante. No importa tanto la ideología como la oportunidad. Lo esencial es ganar visibilidad interna. Organiza actos, reparte propaganda, mueve redes sociales, hazte omnipresente en agrupaciones locales. La política moderna no premia tanto la reflexión como la disponibilidad permanente.
El proselitismo constante crea capital relacional. Y en política, el capital relacional vale más que cualquier máster.
2. Escalar: la disciplina antes que el talento
Participa en elecciones internas, intégrate en corrientes, alíate con quien controle las listas. La meritocracia existe, pero casi siempre subordinada a la lealtad. El que controla la candidatura controla el futuro.
Desarrolla habilidades clave: oratoria, control de daños, gestión de crisis y, sobre todo, resistencia a la presión pública. No se trata de tener razón, sino de mantener el relato.
3. La construcción del personaje
Aquí empieza el desdoblamiento. Una personalidad pública —épica, comprometida, indignada si conviene— y otra privada, más pragmática, más cómoda. La coherencia absoluta no suele ser rentable.
No es imprescindible mentir; basta con "evolucionar". Cambiar de opinión puede venderse como madurez. Defender hoy lo contrario de ayer puede llamarse adaptación al contexto. Las hemerotecas molestan, pero la memoria colectiva es frágil.
Convicción profunda no es obligatoria. Lo imprescindible es la convicción escénica.
4. La elasticidad moral
En esta sátira, los escrúpulos aparecen como un obstáculo operativo. La honradez estricta, como una ingenuidad. El gasto superfluo puede justificarse como "actividad institucional". El privilegio se redefine como "condición inherente al cargo".
El lenguaje es el gran aliado: no hay contradicciones, hay matices. No hay promesas incumplidas, hay cambios de escenario. No hay privilegios, hay responsabilidades.
5. La red de seguridad
Una vez dentro, el sistema tiende a proteger a los suyos. Asesores, cargos intermedios, empresas públicas, consejos consultivos. La política profesional genera su propia estructura de continuidad. Quien sabe moverse en ella puede pasar de legislatura en legislatura sin regresar jamás a la vida civil.
Y así, poco a poco, el ciudadano normal descubre que el verdadero ascenso social no siempre está en la empresa privada ni en el emprendimiento, sino en la estructura partidaria.
Epílogo
Entrar en política puede ser un acto de idealismo.
Salir de ella, para algunos, es rendirse a la irrelevancia.

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