domingo, 22 de marzo de 2026

Almodóvar: la izquierda caviar aislada en su burbuja pijoprogre

Pedro Almodóvar

Pedro Almodóvar encarna como pocos la paradoja de cierta izquierda cultural: nacida como voz de los márgenes, hoy instalada en la cúspide social, económica y simbólica. El director manchego, genio indiscutible del cine europeo, se ha convertido también en símbolo de una élite progresista que predica en nombre de los desfavorecidos mientras vive —y piensa— muy lejos de ellos.

La llamada "izquierda caviar" no es tanto una ideología como una posición social. Habla de precariedad desde áticos luminosos, de lucha obrera desde alfombras persas, de pueblo sin pisar la cola del paro. En ese ecosistema, Almodóvar es uno de sus rostros más visibles: prestigio internacional, reconocimiento institucional y una influencia mediática que refuerza un discurso cada vez más autorreferencial.

El problema no es la riqueza —ni el éxito—, sino el aislamiento. Cuando las convicciones se blindan con premios, aplausos y círculos homogéneos, dejan de dialogar con la realidad. La crítica se percibe como agresión, la discrepancia como ignorancia, el voto distinto como desviación moral. Así, el progresismo cultural corre el riesgo de transformarse en una aristocracia ideológica: ilustrada, segura de sí misma… y desconectada.

Ese orgullo "pijoprogre" no solo irrita a sus adversarios; también aleja a antiguos simpatizantes. Porque el ciudadano medio no ve en estas figuras a defensores, sino a tutores. No escucha empatía, sino condescendencia. Y la política —como el arte— exige contacto humano, no superioridad estética ni moral.

Paradójicamente, cuanto más se encierra esta élite en su burbuja, más combustible proporciona a los movimientos que dice combatir. La distancia social se convierte en distancia emocional, y de ahí a la fractura política hay un paso.

Almodóvar seguirá siendo un gran cineasta. Pero como referente político-cultural, simboliza un fenómeno más amplio: el de una izquierda acomodada que, al perder el pulso de la calle, corre el riesgo de hablar cada vez más alto… para que la escuche cada vez menos gente.

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