martes, 10 de marzo de 2026

El Partido Popular se ha pasado catorce años en el poder… y treinta y seis en la oposición. Y esa paradoja explica muchas cosas

Alberto Núñez Feijoo

Explica, por ejemplo, por qué el partido que durante décadas se presentó como la gran alternativa al socialismo español ha terminado interiorizando, poco a poco, el marco cultural de la izquierda. Quien vive demasiado tiempo en la oposición corre el riesgo de olvidar para qué quería gobernar. Empieza aspirando a cambiar el rumbo del país y termina conformándose con parecer "razonable" ante quienes dominan el debate público.

En España ha ocurrido exactamente eso. Durante años el Partido Popular gobernó con mayorías amplias, pero raramente utilizó ese poder para modificar las estructuras ideológicas que consolidaban a la izquierda en el largo plazo: educación, cultura, medios públicos, legislación simbólica. Administró el sistema… pero nunca se atrevió a discutir sus fundamentos.

Y cuando volvió a la oposición, el problema se agravó. Porque una oposición que ha gobernado tanto tiempo pero que apenas cambió nada termina atrapada en una especie de complejo permanente: el miedo a parecer demasiado distinta. Así, mientras el socialismo avanza con agenda clara —encarnada hoy por Pedro Sánchez— la derecha institucional se mueve con cautela, casi pidiendo permiso para discrepar.

De ahí la sensación, cada vez más extendida entre sus propios votantes, de que el Partido Popular no solo ha pasado muchos años en la oposición. Es que, incluso cuando gobierna, parece seguir en ella.

Porque hay una diferencia entre ganar elecciones y ganar el rumbo de un país. Y el PP, tras décadas de poder intermitente, aún no ha demostrado que tenga claro lo segundo.

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