En La Habana, los edificios coloniales se derrumban con una frecuencia inquietante. No es una metáfora política ni un eslogan opositor: es una realidad física. Casas que colapsan, calles deterioradas, infraestructuras eléctricas obsoletas y un sistema económico que apenas logra mantenerse en pie.
No fue un bombardeo, fue la ideología.
La revolución que encabezó Fidel Castro prometía crear un hombre nuevo y una sociedad más justa. Sesenta y cinco años después, la isla vive atrapada en una mezcla de escasez permanente, salarios miserables y un éxodo humano que recuerda a los momentos más dramáticos de su historia reciente.
Tras la Disolución de la Unión Soviética, Cuba entró en el llamado Período Especial en Cuba, una crisis brutal que dejó al país al borde del colapso. Pero incluso aquella etapa, marcada por apagones interminables y escasez generalizada, parecía sostenerse sobre una cierta fe ideológica.
Hoy esa fe se ha evaporado.
Las nuevas generaciones ya no crecieron escuchando los discursos interminables de la revolución ni compartiendo el entusiasmo épico de 1959. Crecieron en la escasez. En la cola del pan. En el apagón. En la incertidumbre. Y, sobre todo, crecieron mirando hacia fuera.
Por eso cientos de miles de cubanos están abandonando la isla cada año, muchos con destino a Estados Unidos, atravesando rutas peligrosas que pasan por Nicaragua o México. Es uno de los mayores éxodos en la historia reciente del Caribe.
Mientras tanto, el actual presidente Miguel Díaz-Canel gobierna un país donde la economía no despega, el turismo no alcanza para sostener el sistema y el descontento social ya se ha expresado en protestas históricas como las Protestas cubanas del 11 de julio de 2021.
El problema de fondo es más profundo que una simple crisis económica. Lo que se está agotando es un modelo de país.
Durante décadas, el sistema sobrevivió gracias a apoyos externos: primero la Unión Soviética, después el petróleo subsidiado de Venezuela. Pero los subsidios no duran para siempre, y cuando desaparecen dejan al descubierto lo que realmente sostiene una economía: productividad, instituciones eficaces y libertad para crear riqueza.
Nada de eso abunda hoy en Cuba.
El resultado es un país donde la propaganda todavía habla de victorias revolucionarias mientras la población vive entre apagones, desabastecimiento y un futuro cada vez más incierto.
Cuba no se derrumba de golpe. Se está desmoronando lentamente, como esos edificios de La Habana que resisten durante décadas hasta que un día, de pronto, ya no pueden sostenerse más.
Y cuando finalmente caen, todo el mundo se pregunta cómo fue posible no verlo venir.
lunes, 9 de marzo de 2026
Cuba se cae a pedazos
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