La dimisión del secretario general de Nuevas Generaciones del Partido Popular, Carlo Giacomo Angrisano, y su llamamiento explícito a votar a Vox no es simplemente una anécdota interna del Partido Popular. Es un síntoma. Y quizá uno bastante incómodo.
Carlo Giacomo Angrisano
Durante años, el PP ha intentado mantener una estrategia que podría resumirse así: parecer moderado para tranquilizar al centro mientras espera que la derecha vuelva a casa por pura inercia electoral. Pero la política no funciona como una hipoteca. Los votantes —y menos aún los jóvenes— no se quedan en un partido por tradición familiar.
Angrisano no era un militante cualquiera. Era el número dos de la organización juvenil del partido. Es decir, alguien que representa a la generación que, en teoría, debería garantizar el futuro político del PP. Y sin embargo, su conclusión es demoledora: el partido ha dejado de defender los principios que motivaron su afiliación.
Puede discutirse si tiene razón o no. Lo que resulta más difícil de discutir es lo que su salida revela.
En muchos sectores de la derecha española se ha instalado la percepción de que el PP vive paralizado por el miedo: miedo a los titulares de ciertos medios, miedo a ser etiquetado como "extrema derecha", miedo a incomodar al consenso cultural dominante. Y cuando un partido empieza a tener más miedo a la crítica que a perder votantes, normalmente termina perdiendo ambas cosas.
La paradoja es evidente. El PP intenta diferenciarse de Vox moderando su discurso. Pero cuanto más se modera en ciertos temas —inmigración, identidad nacional, batalla cultural— más facilita que Vox monopolice ese espacio político.
No es casualidad que el fenómeno se esté notando especialmente entre los jóvenes. Las nuevas generaciones suelen reaccionar con alergia a los partidos que parecen calculados, prudentes hasta la irrelevancia o excesivamente preocupados por no molestar.
En ese contexto, el gesto de Angrisano tiene un valor simbólico que supera su propio peso político. Es el retrato de una fractura generacional dentro del centro-derecha español.
Porque la pregunta que queda en el aire no es por qué se ha ido un dirigente juvenil.
La pregunta es cuántos más piensan lo mismo y todavía no lo han dicho en voz alta.
domingo, 8 de marzo de 2026
La dimisión de Carlo Angrisano destapa el miedo del PP
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