lunes, 12 de enero de 2026

"Vox ya no da miedo": por qué Abascal supera los 60 diputados en las encuestas

Durante años, Vox fue presentado como el "fantasma" de la política española: una fuerza extrema, peligrosa, casi antisistema, útil como espantajo electoral pero supuestamente incapaz de consolidarse más allá del voto de protesta. Ese relato hoy hace agua. Las encuestas empiezan a dibujar un escenario incómodo para el consenso mediático: Vox ya no da miedo y, precisamente por eso, amplía su base electoral hasta superar con holgura los 60 diputados.

Del voto de castigo al voto de convicción

Uno de los cambios clave es sociológico. Vox ya no es solo el refugio del enfadado ocasional ni del desencantado coyuntural. Se ha convertido, para una parte creciente del electorado, en una opción estable. Muchos votantes que en 2019 y 2023 usaron a Vox como "aviso" al PP o como protesta contra el PSOE, hoy lo ven como una alternativa coherente, previsible y, paradójicamente, menos errática que sus rivales.

El discurso de Santiago Abascal no ha cambiado sustancialmente, pero sí su recepción. Lo que antes se calificaba de "radical" hoy se percibe como "claro". Y en un contexto de saturación de eufemismos, ambigüedades y marketing político, la claridad cotiza al alza.

Normalización política: el gran tabú roto

La entrada de Vox en gobiernos autonómicos y municipales ha tenido un efecto contrario al que auguraban sus detractores. No ha provocado el apocalipsis institucional anunciado ni ha hundido la convivencia democrática. Esa normalización ha desactivado la principal arma contra Vox: el miedo.

Cuando el votante comprueba que no pasa nada —ni se suspenden elecciones, ni se ilegalizan partidos, ni se dinamitan derechos básicos— el relato del "peligro inminente" pierde credibilidad. Vox ha dejado de ser una incógnita y eso tranquiliza a muchos electores que antes dudaban.

El desgaste del "cordón sanitario"

El cordón sanitario, repetido hasta la saciedad por la izquierda y amplificado por buena parte de los medios, empieza a mostrar síntomas de agotamiento. Convertir a Vox en el enemigo absoluto ha terminado por reforzarlo. El votante medio ya distingue entre advertencia y caricatura, y percibe que muchas críticas no buscan informar, sino disciplinar.

Además, la exclusión permanente genera un efecto rebote: quien se siente despreciado o tratado como menor de edad tiende a reafirmarse. Vox ha sabido capitalizar ese desprecio, presentándose como el partido al que se combate no por lo que hace, sino por lo que dice.

Inmigración, seguridad y soberanía: temas que ya no se esquivan

Hay otro factor decisivo: Vox habla de asuntos que otros partidos prefieren rodear de perífrasis o directamente evitar. Inmigración ilegal, inseguridad, okupación, pérdida de soberanía frente a Bruselas, desigualdad territorial o privilegios identitarios. Temas incómodos que existen en la calle, aunque se intenten diluir en el debate público.

Cuando los grandes partidos niegan el problema o lo minimizan, dejan espacio a quien lo nombra sin complejos. Vox no siempre ofrece soluciones realistas, pero sí pone palabras a inquietudes reales, y eso genera identificación.

Abascal: menos épica, más perfil de líder estable

Santiago Abascal también ha ajustado su papel. Menos gestos grandilocuentes, más imagen de líder resistente, coherente y sin bandazos. Frente a un PP percibido como táctico y un PSOE asociado a concesiones constantes, Abascal aparece como alguien previsible: se puede estar o no de acuerdo con él, pero se sabe qué piensa.

En tiempos de volatilidad política, esa previsibilidad es una virtud.

El error de siempre: subestimar al votante

El crecimiento de Vox no se explica por una "radicalización masiva" de la sociedad, sino por el fracaso de otros en dar respuestas creíbles. Tratar a sus votantes como ignorantes, manipulables o peligrosos ha sido, una vez más, un error estratégico.

Vox sube porque ya no asusta. Porque ha sido integrado —a la fuerza— en el paisaje político. Porque muchos españoles, cansados de tutelas morales y discursos huecos, prefieren una opción que consideran auténtica, aunque incomode.

La pregunta ya no es por qué Vox supera los 60 diputados en las encuestas. La pregunta es cuánto más crecerá si sus adversarios siguen apostándolo todo al miedo… cuando el miedo ya no funciona.

2 comentarios:

  1. Mi próximo voto. Y me arrepiento de no haberme votado en las anteriores!

    ResponderEliminar
  2. Feijóo no tiene ideas. Es difícil funcionar en política y en la vida sin ideas. Si Abascal no cumple con lo que predica, nadie te obliga a seguir votándole. Pero, al menos, merece una oportunidad. PP y PSOE las tuvieron todas y las desperdiciaron. Ahora que no se quejen.

    ResponderEliminar