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Rodríguez Zapatero, |
La caída de Maduro supondrá el derrumbe definitivo del relato que durante años intentó presentar al chavismo como una "democracia imperfecta" sometida a presiones externas. Con un líder capturado, ese discurso se volverá insostenible. Las violaciones de derechos humanos, la corrupción sistémica y el narcorrégimen dejarán de ser "acusaciones" para convertirse en hechos judicializados.
Para quienes, desde Europa, blanquearon al régimen o actuaron como mediadores complacientes, el problema ya no será ideológico, sino penal y reputacional.
José Luis Rodríguez Zapatero quedará en el centro del huracán. Durante años se presentó como "facilitador del diálogo" mientras legitimaba, de facto, a un régimen que cerraba medios, encarcelaba opositores y expulsaba a millones de venezolanos. Con Maduro capturado, cada gesto, cada viaje y cada declaración del expresidente español será revisado con lupa.
No se tratará solo de un juicio político. La pregunta incómoda emergerá con fuerza: ¿fue Zapatero un ingenuo útil o un colaborador consciente del régimen? En cualquiera de los dos casos, su figura quedará gravemente dañada, tanto dentro como fuera de España.
Para Pedro Sánchez, la situación será aún más delicada. Su Gobierno ha mantenido una ambigüedad calculada respecto a Venezuela, oscilando entre condenas formales y silencios estratégicos. La captura de Maduro romperá ese equilibrio.
Sánchez se verá obligado a explicar por qué España no lideró una posición más firme en la Unión Europea y por qué toleró la cercanía política y simbólica de figuras clave del PSOE con el chavismo. El silencio, que hasta ahora ha sido una táctica, pasará a interpretarse como complicidad o cobardía diplomática.
El PSOE, como organización, afrontaría un problema de fondo: su relación histórica con la izquierda latinoamericana autoritaria. La captura de Maduro forzará una revisión incómoda de alianzas, simpatías y dobles discursos.
No bastará con desmarcarse a posteriori. Habrá que responder por años de equidistancia moral, por el desprecio a la oposición venezolana y por la falta de empatía real con los exiliados. El partido quedará atrapado entre su retórica democrática y su práctica internacional.
En el plano interno, el impacto será electoral. La derecha explotará el vínculo PSOE–chavismo como símbolo de hipocresía moral. Pero el daño más profundo será cultural: la pérdida de autoridad ética para hablar de derechos humanos, democracia y Estado de derecho.
Cuando un régimen cae, no solo caen sus líderes. Caen también quienes lo justificaron, lo minimizaron o lo usaron como pieza de su ingeniería ideológica.
La captura de Nicolás Maduro no será solo el final de un dictador, sino el inicio de una cadena de explicaciones pendientes. Para Zapatero, para Sánchez y para todo el PSOE. Porque la historia, tarde o temprano, siempre pasa factura. Y cuando lo hace, ya no valen ni los matices ni los silencios.

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