martes, 19 de mayo de 2026

Pedro Sánchez puede volver a ser presidente si la derecha sigue dividida

***

La política española ha entrado en una fase en la que las matemáticas pesan más que los discursos. Y Alberto Núñez Feijóo empieza a asumirlo públicamente. El líder del PP sabe que ganar las elecciones ya no garantiza gobernar y que, mientras la derecha siga dividida estratégicamente, Pedro Sánchez conserva intactas sus posibilidades de repetir en La Moncloa.

Durante mucho tiempo, el Partido Popular vivió instalado en la idea de que bastaba con esperar el desgaste socialista para regresar al poder. Era la lógica clásica del bipartidismo: cuando uno cae, el otro sube. Pero España ya no funciona así. La fragmentación parlamentaria obliga a construir bloques, y Sánchez ha demostrado ser mucho más eficaz en esa tarea que sus adversarios.

Feijóo obtuvo una amarga lección tras las últimas generales. Ganó, sí, pero no sumó. Y en política parlamentaria, la victoria sin alianzas es una forma elegante de derrota. Desde entonces, el PP oscila entre dos pulsiones contradictorias: necesitar a Vox para alcanzar el poder y, al mismo tiempo, intentar diferenciarse de Vox para no perder centralidad electoral.

Ese equilibrio imposible explica buena parte de las vacilaciones estratégicas del líder popular. Cada vez que endurece el discurso para competir con Vox, pierde perfil moderado. Cada vez que busca parecer presidenciable y centrista, irrita a una parte del electorado conservador que exige confrontación total contra Sánchez. El resultado es una sensación permanente de indefinición.

Mientras tanto, la izquierda ha entendido algo elemental: en un sistema fragmentado, la coordinación vale más que la pureza ideológica. Sánchez puede gobernar porque logra mantener unido un bloque heterogéneo mediante cesiones constantes, cálculo táctico y un objetivo común: impedir un gobierno de la derecha. El PSOE y sus socios discuten ferozmente entre ellos, pero votan juntos cuando llega la hora decisiva.

En cambio, PP y Vox siguen atrapados en una relación de competencia mutua. Se necesitan, pero se desgastan entre sí. Vox acusa al PP de tibieza; el PP teme aparecer subordinado a Vox. Y en ese choque permanente, quien sale beneficiado es Sánchez, que observa cómo sus rivales convierten cada negociación territorial en una batalla pública.

Feijóo empieza ahora a admitir una realidad que hace meses muchos en su partido evitaban pronunciar: sin una táctica común con Vox, la derecha puede volver a quedarse a las puertas del Gobierno aunque vuelva a ganar las elecciones. No se trata necesariamente de una coalición formal ni de una fusión política, sino de algo más básico: coordinación estratégica, reparto inteligente de espacios y una mínima confianza mutua.

El problema es que esa aproximación también tiene costes. Una parte del electorado moderado del PP sigue viendo a Vox como un factor de radicalización que dificulta los pactos y aleja al partido de la centralidad. Pero la alternativa es igualmente peligrosa: mantener una guerra fría permanente que facilite una nueva mayoría de izquierdas.

La paradoja para Feijóo es evidente. Necesita a Vox, pero teme parecer dependiente de Vox. Y cuanto más intenta resolver esa contradicción mediante ambigüedades, más fortalece a Sánchez, cuya principal ventaja política no es tanto su popularidad como la desorientación estratégica de sus adversarios.

La política española ya no premia al partido más votado. Premia al bloque más disciplinado. Y Feijóo empieza a comprender que esa puede ser la verdadera clave de la próxima legislatura.

3 comentarios:

  1. Feijoo es terrible, pero antes que Sanchez cualquier cosa!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Feijoo no es inteligente. Eso es peor que ser terrible. No es sólo que Feijóo pueda equivocarse políticamente. El problema es que transmite una falta de visión estratégica que acaba convirtiendo cada rectificación en un síntoma de debilidad. Y en política, parecer poco inteligente suele ser peor que parecer terrible.

      Eliminar
    2. Antes que Sánchez, cualquier cosa que configure una respuesta inteligente que priorice a los españoles, cosa que ni Sánchez ni Feijoo son capaces de entender. A día de hoy, los partidos piensan más en sí mismos que en los ciudadanos. ¿Para qué sirven entonces los ciudadanos? Para votar. Nada más que para votar.

      Eliminar