martes, 12 de mayo de 2026

La izquierda y su sumisión al islam

Talibanes en un vehículo por las calles de Kabul.

El término «islamo-izquierdismo» nació en Francia hace aproximadamente un cuarto de siglo para describir un fenómeno político y cultural cada vez más visible: la convergencia entre sectores de la izquierda radical y movimientos islamistas en espacios universitarios, mediáticos y culturales. Para sus críticos, esta alianza representa una contradicción profunda, ya que une a corrientes ideológicas aparentemente incompatibles bajo una agenda común de oposición a Occidente, al cristianismo cultural y a la democracia liberal.

En países como Francia y España, el concepto ha sido utilizado para señalar la actitud de determinados sectores de la izquierda woke hacia el islam político. Según esta visión, parte de la izquierda contemporánea ha dejado de considerar al islamismo como una amenaza reaccionaria y lo percibe, en cambio, como un aliado estratégico frente a lo que denomina «hegemonía occidental», capitalismo global o valores tradicionales europeos.

La búsqueda de apoyo electoral

Uno de los factores que explican esta aproximación sería el interés electoral. En numerosos países europeos, las comunidades inmigrantes musulmanas han adquirido un peso demográfico y político creciente. Parte de la izquierda habría optado por construir alianzas con esos sectores, evitando críticas al islamismo por temor a perder apoyo político o ser acusada de racismo e islamofobia.

Esta estrategia ha llevado a situaciones paradójicas. Movimientos que históricamente defendieron el feminismo, la igualdad sexual o la laicidad terminan relativizando prácticas o discursos incompatibles con esos principios cuando provienen de grupos islamistas. La segregación de la mujer, la presión religiosa o ciertas expresiones de antisemitismo son minimizadas o justificadas bajo el argumento del respeto multicultural.

Enemigos comunes

La convergencia también se sostiene en la existencia de adversarios compartidos. Tanto la izquierda radical como los movimientos islamistas suelen coincidir en su rechazo al cristianismo como base cultural de Europa, a Israel, al capitalismo y al modelo liberal occidental.

En el ámbito internacional, esta coincidencia se ha traducido en campañas comunes contra el sionismo, el imperialismo estadounidense o las instituciones occidentales. Para los críticos del islamo-izquierdismo, esta unión no responde a una verdadera afinidad ideológica, sino a una alianza táctica basada en el principio de que «el enemigo de mi enemigo es mi amigo».

El colectivismo como punto de encuentro

Otro elemento señalado es el colectivismo compartido. Tanto ciertas corrientes de izquierda radical como el islamismo político subordinan al individuo frente a la comunidad. En un caso, la identidad colectiva se define por raza, género o grupo social; en el otro, por la Ummah, la comunidad islámica mundial.

Desde esta perspectiva, ambas corrientes desconfían del individualismo liberal y de la idea occidental de libertad personal. El ciudadano deja de ser visto como sujeto autónomo y pasa a integrarse en bloques identitarios o religiosos con intereses colectivos superiores.

Una alianza llena de contradicciones

Los detractores de esta convergencia consideran que la izquierda actúa como «tonto útil» del islamismo político. Argumentan que, en nombre del multiculturalismo y de la corrección política, se ignoran aspectos profundamente incompatibles con los valores progresistas clásicos, como el machismo religioso, la persecución de minorías sexuales o el antisemitismo presente en sectores islamistas.

La contradicción se hace especialmente visible cuando activistas feministas, defensores de derechos LGBT o movimientos laicistas apoyan organizaciones vinculadas a ideologías religiosas conservadoras que, en otros contextos, combatirían abiertamente.

El debate abierto en Europa

En Francia, donde el término surgió con fuerza, el debate ha alcanzado dimensiones nacionales debido al impacto del terrorismo islamista, la radicalización en barrios periféricos y la tensión entre multiculturalismo y republicanismo secular. En España y otros países europeos, el fenómeno también ha generado fuertes divisiones intelectuales y políticas.

Para unos, el islamo-izquierdismo es una realidad ideológica que amenaza la cohesión cultural europea. Para otros, el término es una etiqueta polémica utilizada para desacreditar a la izquierda y exagerar vínculos con el extremismo islámico.

Lo cierto es que el debate refleja una transformación profunda de la política occidental: el desplazamiento desde las viejas luchas de clase hacia conflictos identitarios, culturales y religiosos que redefinen las alianzas tradicionales y cuestionan el futuro del modelo liberal europeo. 

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