lunes, 20 de abril de 2026

Los apoyos internacionales del chavismo

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El chavismo no se explica solo desde Caracas. Desde su irrupción con Hugo Chávez y su prolongación bajo Nicolás Maduro, el régimen bolivariano ha tejido una red de respaldos exteriores que, aunque menguante, sigue siendo clave para su supervivencia política y económica.

En sus años de expansión, el chavismo encontró en América Latina un terreno fértil. Gobiernos ideológicamente afines se alinearon bajo la bandera del llamado socialismo del siglo XXI. Cuba se convirtió en el aliado imprescindible: petróleo venezolano a cambio de inteligencia, médicos y asesoramiento político. A su estela, Bolivia de Evo Morales, Nicaragua de Daniel Ortega y el Ecuador de Rafael Correa reforzaron un eje político articulado en torno a la ALBA, concebida como alternativa a la influencia de Washington en la región.

Sin embargo, el declive económico venezolano y los cambios de ciclo político en el continente fueron erosionando ese bloque. Donde antes hubo entusiasmo ideológico, hoy predomina el silencio o la distancia calculada. El chavismo, lejos de desaparecer, ha mutado: de proyecto expansivo a régimen que resiste.

En ese tránsito, el sostén exterior ha virado hacia potencias extrarregionales. Rusia ha ofrecido respaldo militar y diplomático; China, financiación multimillonaria garantizada con petróleo; Irán, cooperación energética en medio de sanciones; y Turquía, nuevas vías comerciales en sectores sensibles como el oro. No se trata tanto de afinidad ideológica como de intereses convergentes: abrir grietas en el orden internacional dominado por Occidente y aprovechar los recursos venezolanos.

A ello se suma una red difusa de simpatías políticas en Europa y otros espacios, donde ciertos sectores han visto en el chavismo —al menos en su fase inicial— un experimento de resistencia frente al liberalismo económico. Hoy, esas voces son más cautas, pero siguen denunciando las sanciones internacionales como factor agravante de la crisis venezolana.

El resultado es un equilibrio precario. El chavismo ya no lidera un bloque regional ni exporta revolución, pero tampoco está aislado. Sobrevive gracias a alianzas pragmáticas, a menudo incómodas, que le permiten sortear el cerco internacional y prolongar su permanencia en el poder.

Porque, en política internacional, los principios cuentan; pero los intereses deciden.

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