sábado, 18 de abril de 2026

Miles de venezolanos aclaman a María Corina Machado en la Puerta del Sol

Miles de venezolanos en la Puerta del Sol.

La Puerta del Sol volvió a ser, por unas horas, algo más que el kilómetro cero de España: fue el epicentro emocional de una nación herida que no se resigna. Miles de venezolanos —y no pocos españoles— se congregaron para aclamar a María Corina Machado, convertida hoy en símbolo de resistencia frente a un régimen que ha hecho de la arbitrariedad su norma y de la pobreza su legado.

No era un acto cualquiera. Había en el ambiente una mezcla de nostalgia, dignidad y determinación. La diáspora venezolana, dispersa por medio mundo, encontró en Madrid un punto de encuentro y, sobre todo, una voz. La de una mujer que ha decidido plantar cara sin ambages al poder establecido en Caracas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quiso subrayar el significado político y moral del momento al afirmar que se trataba del día “más feliz” desde que accedió al cargo. No era una frase menor ni fruto del entusiasmo pasajero. Era, en realidad, la constatación de que la causa de la libertad —cuando es auténtica— trasciende fronteras y colores políticos.

Machado no es solo una líder opositora. Para muchos venezolanos es la encarnación de una esperanza que se resiste a morir. En un país donde las instituciones han sido desmanteladas pieza a pieza, su figura emerge como alternativa real, aunque incómoda para quienes prefieren contemporizar con el poder antes que enfrentarlo.

En España, el acto también dejó al descubierto una fractura ideológica evidente. Mientras unos ven en Machado la legitimidad democrática que el chavismo ha erosionado durante años, otros optan por el silencio o por equilibrios difíciles de sostener. No es un debate nuevo, pero sí cada vez más nítido.

Conviene, sin embargo, no caer en simplificaciones fáciles. La política internacional rara vez admite blancos y negros absolutos. Pero tampoco puede ignorarse que hay momentos en los que la neutralidad se convierte, de facto, en una forma de complicidad.

Lo vivido en la Puerta del Sol fue, en esencia, un recordatorio: las naciones no solo se construyen con instituciones, sino con ciudadanos dispuestos a defenderlas. Y ayer, en Madrid, miles de venezolanos demostraron que, pese a la distancia, su país sigue muy vivo.

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