martes, 3 de febrero de 2026

Todas las encuestas auguran un descalabro histórico del PSOE en Aragón

Las encuestas ya no dejan margen para la duda: el PSOE se encamina en Aragón hacia uno de los peores resultados de su historia reciente. No se trata de una tendencia aislada ni de un sondeo concreto, sino de una coincidencia casi unánime entre estudios demoscópicos de distinto signo. El suelo electoral socialista se resquebraja y el aviso es serio.

El desgaste del partido en la comunidad viene de lejos, pero se ha acelerado en los últimos meses. La pérdida de conexión con el electorado aragonés es evidente, especialmente fuera de Zaragoza capital. En amplias zonas rurales y en las capitales de provincia, el PSOE ya no es percibido como una fuerza que defienda los intereses propios del territorio, sino como una sucursal cada vez más subordinada a las prioridades de Madrid.

A ello se suma el efecto arrastre del Gobierno central, que en Aragón está funcionando en negativo. Decisiones polémicas en materia de pactos, amnistía, política territorial o inmigración han generado un rechazo transversal que no distingue entre siglas nacionales y autonómicas. El votante castiga al PSOE en bloque, sin matices, y las encuestas reflejan ese hartazgo.

El liderazgo tampoco ayuda. La actual referencia socialista en Aragón no logra movilizar ni ilusionar. Falta discurso propio, falta perfil político y, sobre todo, falta credibilidad. Frente a una derecha más cohesionada y una oposición que ha sabido capitalizar el descontento, el PSOE aparece desdibujado, reactivo y sin proyecto reconocible para la comunidad.

Otro dato preocupante para los socialistas es la desmovilización de su electorado tradicional. Más que una fuga masiva hacia otros partidos, lo que detectan los sondeos es abstención. Antiguos votantes del PSOE optan por quedarse en casa, una señal clara de desencanto profundo y difícil de revertir en campaña.

Si las previsiones se cumplen, el PSOE podría quedar reducido a un papel marginal en las Cortes de Aragón, perdiendo influencia institucional y capacidad de marcar agenda. Sería un golpe no solo electoral, sino estratégico, que obligaría a una reflexión interna de calado sobre el rumbo del partido en la comunidad.

En política nada está escrito hasta que se cuentan los votos, pero cuando todas las encuestas coinciden, conviene escuchar el mensaje. Y el mensaje en Aragón es claro: el PSOE se enfrenta a un descalabro histórico del que no bastarán eslóganes ni apelaciones al miedo para salir indemne.

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