Hay momentos en los que una sola frase resume mejor que cien discursos el estado de ánimo de un país. El «¡Viva la UCO!» escuchado durante el acto presidido por el Rey no fue únicamente un grito espontáneo. Fue, sobre todo, una manifestación de apoyo a una unidad de la Guardia Civil que se ha convertido en protagonista de algunas de las investigaciones judiciales con mayor repercusión política de los últimos años.
¡Viva la UCO!
Resulta significativo que esa proclama se produjera precisamente delante del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. Ambos han estado en el centro del debate político por las polémicas surgidas alrededor de la relación entre el Ministerio y la Unidad Central Operativa, así como por las explicaciones ofrecidas sobre distintas actuaciones relacionadas con investigaciones en curso.
Cuando una parte de la ciudadanía siente la necesidad de vitorear públicamente a una unidad policial, el mensaje trasciende a quienes ocupan circunstancialmente los cargos políticos. Lo que se aplaude es la independencia profesional, el trabajo técnico y la confianza en que las investigaciones sigan su curso sin interferencias.
La Guardia Civil es una institución permanente. Los ministros pasan; los gobiernos cambian. La credibilidad del Estado de Derecho, sin embargo, depende de que sus cuerpos policiales puedan investigar con autonomía dentro del marco legal y bajo el control de los jueces y fiscales. Esa confianza constituye uno de los pilares de cualquier democracia consolidada.
El aplauso espontáneo a la UCO refleja, en buena medida, el deseo de que las instituciones funcionen con normalidad y que las investigaciones lleguen hasta donde deban llegar, afecten a quien afecten. Cuando los ciudadanos perciben que una unidad policial actúa con profesionalidad frente a casos complejos, el reconocimiento público acaba siendo inevitable.
Quizá la enseñanza más importante de lo ocurrido en El Escorial sea precisamente esa: el prestigio institucional no se decreta desde un despacho. Se gana sobre el terreno, con años de trabajo, rigor y credibilidad. Y cuando ese prestigio supera incluso a la autoridad política presente en el acto, el mensaje resulta imposible de ignorar.
jueves, 2 de julio de 2026
«¡Viva la UCO!»: cuando el prestigio de una institución supera al poder político
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