jueves, 4 de junio de 2026

El exorcista de Washington, los ovnis y una destitución que plantea más preguntas que respuestas

Stephen Rossetti

La destitución del exorcista de Washington, el padre Stephen Rossetti, por relacionar ciertos fenómenos OVNI con posibles manifestaciones demoníacas ha generado un intenso debate dentro de la Iglesia católica. Más allá de la polémica sobre extraterrestres, demonios o fenómenos aéreos no identificados, la verdadera cuestión es otra: ¿fue proporcionada la reacción de la arquidiócesis?

El sacerdote había expresado una opinión personal, discutible para unos y razonable para otros, sobre una materia en la que la Iglesia no posee una enseñanza dogmática definitiva. Afirmó que muchos de los supuestos avistamientos podrían tener un origen preternatural o demoníaco. No presentó esa tesis como doctrina oficial, sino como una interpretación personal derivada de su experiencia en el ámbito del exorcismo.

La respuesta de la arquidiócesis fue fulminante. En lugar de abrir un debate teológico o emitir una simple aclaración doctrinal, optó por apartar al sacerdote de una responsabilidad que había desempeñado durante años. Para muchos fieles, la medida transmite la sensación de que determinadas opiniones son castigadas con rapidez, mientras que otros problemas mucho más graves han recibido históricamente un tratamiento mucho más indulgente.

La decisión resulta aún más controvertida por estar asociada al gobierno del cardenal Robert McElroy. Aunque McElroy no ha sido acusado ni condenado por delitos relacionados con abusos, su trayectoria ha estado acompañada de críticas persistentes por su actuación ante advertencias recibidas años antes sobre el entonces poderoso cardenal Theodore McCarrick. Diversos observadores y medios católicos han cuestionado si las informaciones que llegaron a su conocimiento fueron tratadas con la diligencia necesaria, mientras que el propio McElroy ha defendido repetidamente que las acusaciones que recibió carecían de pruebas suficientes para actuar. 

Ese contexto explica por qué la destitución del exorcista ha sido recibida con escepticismo en determinados sectores del catolicismo estadounidense. Para sus críticos, existe una evidente desproporción entre la severidad aplicada a un sacerdote que expresa una opinión especulativa y la lentitud con la que la jerarquía eclesiástica reaccionó durante décadas ante escándalos mucho más graves relacionados con abusos y encubrimientos. El caso McCarrick continúa siendo para muchos católicos el símbolo de una estructura que falló repetidamente en detectar, investigar y detener comportamientos inaceptables. 

La cuestión de fondo no es si los ovnis son demonios, extraterrestres o simples fenómenos mal interpretados. La cuestión es por qué una opinión discutible pronunciada por un exorcista provoca una respuesta inmediata, mientras que las grandes crisis que han sacudido a la Iglesia durante las últimas décadas tardaron años en recibir una respuesta contundente.

La arquidiócesis tiene pleno derecho a aclarar qué enseña la Iglesia y qué pertenece al ámbito de las opiniones privadas. Pero cuando la autoridad se ejerce de forma expeditiva en asuntos secundarios y con mucha más cautela en cuestiones de enorme gravedad moral, es inevitable que surjan preguntas incómodas sobre los criterios utilizados.

Para muchos fieles, la destitución del exorcista no cierra el debate. Lo abre. Y lo abre precisamente sobre la credibilidad, la coherencia y las prioridades de quienes gobiernan hoy la Iglesia.

Vídeo explicativo sobre la condena del exorcista
https://youtu.be/zngFO93dCRY 

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